Ricardo Auer/El dedo en la llaga/Del Plata Rosario FM 93.5/ 11 abril 2025

*La ciencia argentina ha sido siempre muy destacada, nuestro país tiene bastante premios nobeles en proporción a la población*
*La ciencia argentina siempre ha adolecido en transformar lo investigado en valor agregado, pero no es culpa de la ciencia, se debe a que el proyecto económico industrial argentino ha estado cayendo en los últimos 40 años*
*Desde la época de Martínez de Hoz en adelante todo lo que es industria, valor agregado, ha venido cayendo*
*Cuando se aplican políticas que recalcan más lo económico y particularmente lo financiero la ciencia no tiene ningún sentido para quienes aplican dichas políticas de importar productos y no desarrollarlos en el país*
*Ese discurso ha chocado con la realidad geopolítica, y es lo que pasó en EEUU: el sistema financiero de EEUU ayudó a desarrollar China, y China no se lo compensó: fabricó productos más baratos, inundó el mercado de EEUU*
*Los norteamericanos estaban contentos con los servicios, pero los servicios no alcanzan para dar trabajo a toda la gente*
*El gobierno argentino está trabajando para que el gobierno de Trump sea exitoso, nosotros lo elegimos para otra cosa*
*Reconstruir lo que se pierde en ciencia es muy dificil: si se dejan de usar aparatos costosos la inversión pasa a ser mala. Además quieren expulsar a investigadores, docentes universitarios, trabajadores del INTA e INTI negandoles aumentos de sueldos!¨
*Aceptando que algunos organismos públicos pueden adolecer de falencias, lo que se trata es de reformularlo o mejorarlo, no de destruirlo*
*Argentina es un país que se está desgranado por malas acciones de gobiernos anteriores, pero el accionar del gobierno actual es más destructivo que todo lo anterior*
*Y el presidente Milei ha dado el ejemplo : «muchachos dedíquense a la especulación con criptomoneda…!*
*En cuanto al contexto internacional el peligro para el resto de los países es que EEUU y China se pongan de acuerdo en crear zonas de influencia de cada uno, es remozar el Acuerdo de Yalta*