Lic. Santiago Kovadloff: ensayista, poeta, traductor, antólogo de literatura de lengua portuguesa y autor de relatos para niños.- Con Marcelo Moguilevsky y César Lerner integra un Trío de Música y Poesía-

***Convenio, sábados 10 a 12 hrs, radio del Plata Rosario (FM 107.5), 23 de agosto 2014

Ya no nos amenazan los golpes militares, pero la intolerancia, el autoritarismo siguen siendo rasgos distintivos de buena parte de la vida política y de la sociedad argentina”
“La sociedad argentina necesita que la dirigencia política reconozca su dolor, que tenga el valor de admitir lo que está pasando”
“La Constitución está desoída, la educación política de nuestros dirigentes esta rechazada*
“En Argentina la transición del autoritarismo a la democracia no está resuelto”
“Occidente tiene sus democracias afectadas por violencias, ahí su fragilidad y su fortaleza está en el debate de ideas no de consignas*
“Argentina está más cerca del Siglo 19 que del 21 en órdenes fundamentales, la independencia de la justicia, el desarrollo de la educación, la posibilidad de terminar con la pobreza estructural del país ”
“Un niño Mapuche me preguntó si yo lo escribía solo y al decirle que sí, me preguntó de dónde sacaba las palabras, le dije solo hay que quererlas, que son mimosas. Me contestó “yo las quiero pero no vienen”. Le dije ya vendrán, sólo conversa mucho con tus amiguitos”
“El tobillo abandonado”, “La vida es siempre más o menos”… alguno de los títulos de mis libros para niños los cuales me dan enormes satisfacciones”
MHG: ¿Usted ha escrito cuentos para niños?
SK: Exactamente, he escrito varios, y el que me ha dado más satisfacciones fue “La vida es siempre más o menos” que yo no escribí sino que me limité a contar lo que decían mis hijos cuando eran pequeños.
MHG: ¿Para qué edades son estos cuentos y que rebote de los chicos?
SK. Tal vez la anécdota más linda que le puedo contar es la que hice una visita una vez a una escuelita en la precordillera, en Neuquén, y me reuní, a instancias de la maestra, con los chicos que habían leído uno de mis cuentos: “El tobillo abandonado”. Entonces uno de los chichos, un mapuche, de unos 10 años, me dice con cierta con precaución, como dirigiéndose a un hombre que no conocía aunque había leído. Me dijo: “escúcheme, usted escribió todas la palabras”, y le dije que sí, claro. Y me dijo: “… y sin ayudante”, y yo le dije que sí, sin ayudante y me preguntó de dónde las sacaba, yo le contesté que las palabras están con uno, si uno las quiere mucho, entonces se quedan a vivir con uno, porque son muy mimosas, y me dijo a él no le venían. Yo le contesté que con los años vienen. Además, es bueno que converses con tus amiguitos y te vas a llenar de palabras.
MHG: Supongo que las volcará en algún otro cuento.
SK: Y en cuanto a las edades… “Agustín y cada cosa”, “El tobillo abandonado”, son cuentos para chicos entre 6 y 10 años, “Republica de evidencias”, es para adolescentes, “Natalia y los queluces”, los queluces son unos seres que vuelan incesantemente y nunca pueden tocar tierra, han perdido de asentarse y están condenados a volar siempre. Es un relato extenso y es para chicos de 10 a 11 años. Y en cuento al libro que escribieron mis hijos y yo coleccioné es un libro para adultos escrito para chicos. Para que los adultos reflexionen.
MHG: ¿Qué está viendo sobre el momento de Argentina no sobre la coyuntura sino sobre sus grandes desafíos?
SK: Argentina es un país reiterativo, tiene una monotonía estructural muy grande. Porque al tener un sistema y un estado tan frágil, instituciones débiles, a través del uso que hace de ellas la partidocracia, es una nación que en vísperas de elecciones vuelve a encontrarse ante una paradoja muy dolorosa, que es las instancias de elegir autoridades y la escasa confianza que tienen en la estabilidad de sus instituciones, en la autonomía de las instituciones y en la interdependencia real entre ellas. Esto es muy agotador, nuevamente a principios del siglo XXI estamos a las vísperas de tener que votar y cuál es la pregunta fundamental y para mí no es a quién vamos a elegir, sino qué posibilidades tenemos de ingresar en una etapa de transformaciones que capitalice los fracasos previos o los desaciertos, hasta qué punto vamos a elegir impulsados por la resignación o impulsados por confianza en una transformación que, al parecer, se impone como imprescindible y que atañe al afianzamiento de la república. Creo que generar esperanzas no es difícil si uno es hábil como candidato, el problema es que esas esperanzas encuentren un cauce que permita concretarlas en realizaciones que satisfagan las necesidades de ese electorado. Argentina sigue estando, para mí, más cerca del siglo XIX que del XXI, en órdenes fundamentales, la independencia de la justicia, el desarrollo de la educación, la posibilidad de terminar con la pobreza estructural del país. Entonces vemos que Argentina se encamina a enfrentar las elecciones venideras teniendo que enfrentar problemas que la han acompañado durante toda su historia, no hemos cambiado el repertorio problemático. Es verdad ya no nos amenazan los golpes militares, pero la intolerancia, el autoritarismo siguen siendo rasgos distintivos de buena parte de la vida política y de la sociedad argentina.
MHG: Se cumplen 20 años de la nueva constitución, ¿hay cuestiones pendientes sobre este cuerpo de un país?
SK: Creo que sí. Las introducciones que se hicieron, miradas de cerca responden a necesidades operativas que pueden ser consideradas como funcionales, pero si nos preguntamos por el efecto de los cambios institucionales impuesto por la transformación, los efectos que han tenido en la vida de los argentinos, en la posibilidad de afianzamiento republicano, creo que ahí hay que reconocer francamente que la desobediencia a la constitución, la posibilidad que el poder se vea sujetado por la ley y no la ley atrapada por las necesidades del poder, eso sigue vigente. Y prueba, una vez más, que la constitución está desoída, fue desoída la constitución originaria del 54 y muchos de los cambios substanciales que se podría haber producido a partir del año 94 también han sido desoídos. Mientras la educación de los políticos no se transforme y se ponga al servicio de la república, vamos a seguir transformando nuestras palabras pero no nuestras conductas.
MHG: Usted afirma que Argentina no ha cambiado sus problemas, pero parece que el mundo se encuentra en una situación similar, los problemas raciales en Estados Unidos, los problemas milenarios entre palestinos e israelíes.
SK: Es una observación interesante, en algunos aspectos es así y en otros no, creo que la diferencia fundamental entre las llamadas naciones desarrolladas y las democracias más endebles como la nuestra, tiene que ver con que las primeras han renovado un repertorio muy importante de problemas que han dejado ser crónicos, y nosotros tendemos con mucha más facilidad a la repetición y a la disfuncionalidad. Creo y coincido con usted que hoy las democracias occidentales del primer mundo están atravesando en muchos aspectos problemas cruciales, el racismo existe pero los Estados Unidos han optado por un presidente negro. Europa esta amenazada por una permanente crisis por la fragilidad de la Unión Europea, pero han ido a la Unión Europea. Tienen una moneda que no termina de afianzase en forma equitativa en toda Europa, pero tienen una moneda. Entonces, yo diría que occidente atraviesa una crisis muy profunda con la posibilidad que las democracias más maduras sean expresión del respeto a los valores de la vida en términos que después de la segunda guerra podría haber desaparecido. Pero al mismo tiempo, creo que esas democracias afectadas como siguen por las crisis, al mismo tiempo revelan una fortaleza, una capacidad de buscar la innovación que se traduce en la riqueza de su vida universitaria, de su poder de investigación, de la incidencia que tiene el debate de ideas y no de consignas en los problemas que se enfrentan. No se trata sino de una diferencia de matiz, pero de un matiz esencial, por lo demás, no cabe duda, todo occidente está atravesando una crisis complementaria del auge que tienen en el mundo islámico la aparición de grupos que proponen una salida absoluta de los valores espirituales de occidente en nombre de una concepción rígida y autoritaria en donde la muerte tiene un valor que en occidente no se le da.
MHG: ¿La sociedad está envuelta por la violencia o son hechos aislados?
SK: No son hechos aislados, creo que la transición del autoritarismo a la democracia en nuestro país está inconclusa, en el año 83 se inició algo que no terminó de cumplirse, y ese algo es la inscripción de la conducta de la sociedad en el marco de la ley. Se han acentuado las desigualdades sociales, el prebendarismo no basta para poder trasforma el significado de una vida, el estado no debe ser un ogro filantrópico, como alguna vez lo calificó Octavio Paz, y sin embargo lo es. Se han logrado paliar muchos de los problemas que generan la desesperación de no tener trabajo ni fondos para vivir, pero de todas maneras creo que la violencia al generalizarse, si bien hemos salido de los años de plomo, si bien por suerte ya no estamos bajo el peso del terrorismo de estado que opera a la manera de la dictadura de los años 70 o de la guerrilla, sí estamos bajo el peso agobiante de la inseguridad a la que está asociada el miedo. Vivimos en una sociedad atemorizada, la vida ha perdido valor y con ella el sentido de la vida cotidiana, y tener una vida cotidiana es tener un cierto grado mínimo de previsibilidad en el desarrollo de nuestras actividades diarias, hoy salimos a la calle y no sabemos si se volverá a casa. Hoy no sabemos si los que nos rodean son simplemente nuestros conciudadanos o nuestros asesinos. Nosotros mismos estamos catalogados como personas que no merecemos confianza. La tensión social ha ido creciendo, porque el estado no ha sabido responder a una de sus obligaciones primarias, que es generar previsibilidad en la vida de todos los días, para saber que hemos dejado atrás el paleolítico, es decir, ese período de la vida en que era una eternidad y que con cada día había que empezar de nuevo la aventura de crear algunos valores y algunos discernimientos. Argentina no ha derrotado a la violencia aunque haya terminado el terrorismo de estado y la guerrilla.
MHG: Incluso la inestabilidad pasa también porque la oposición se junta detrás de un proyecto y a veces se desarma de la noche a la mañana.
SK: Tenemos por un lado una fuerte imprevisibilidad a lo que hace a nuestra vida cotidiana en el marco de una ley endeble, incierta, postergada. Y por otro lado, un cierto fatalismo en cuanto entramos en el análisis de la dirigencia política y decimos que siempre esta gente procede igual, empieza por unirse y luego se separa. Y esto en conjunto genera una evidencia, que es que la condición cívica está profundamente vulnerada entre nosotros. No tenemos en claro qué significa ser un ciudadano, qué significa la noción de comunidad. Ésa es la crisis de fondo y en relación a ella lo que uno quiere ver y que se expresen las dirigencias políticas. Porque lo que necesita Argentina es que se le restituya el reconocimiento de su dolor. Necesitamos que nuestras dirigencias sean capaces de expresarse reconociendo cuáles son los padecimientos fundamentales que nos impiden capitalizar nuestros fracasos previos. No es un repertorio de promesas sino una serie de diagnósticos primeros y que la dirigencia tenga capacidad y valentía para admitir lo que está pasando.
MHG: El ejemplo que nos ha dado Enrique Bertini, el papá de Mariano asesinado en Rosario, pidió perdón por no haberse involucrado antes…
SK: es extraordinario lo que ocurrió en Rosario, en Rosario ocurren cosas extraordinarias para bien o para mal. Pero ahí hay un síntoma cabal., son hechos que evidencian hasta qué punto las condiciones de posibilidad de la violencia se originan en la subestimación de la vida del prójimo y del propio criminal que atenta contra la vida del otro. Esto es una cuestión cultural. No podemos limitar este fenómeno a un análisis coyuntural, donde la vida no tiene sentido el crimen opera con indiferencia. Entonces lo que este papá ha dicho es un ejemplo que tiene un correlato muy interesante en otros fenómenos auspiciosos que están teniendo lugar en el país. Recientemente se ha realizado en Buenos Aires un encuentro de ex militares y ex guerrilleros que se combatieron recíprocamente en los años 70 y que han manifestado unos y otros la responsabilidad recíproca que tuvieron en la violencia como un camino que se buscó para solucionar los problemas de la defensa del país. Fue conmovedor porque significa una actitud infrecuente en Argentina que es la de reconocer la propia responsabilidad en la comisión de hechos trágicos y de necesitar que el prójimo, que en un momento fue concebido como enemigo, sea hoy entendido como un interlocutor indispensable para infundirle un sentido ético nuevo a la vida. Esto pasa también en la Argentina y en fárrago de todo lo que sucede, muchas veces se las pierde de vista.

















27/08/2014