“Hay algo que la gente no conoce: con Gabo sacamos mucha gente de Cuba”
Con Gabo éramos tan amigos que éramos como hermanos”
“A Mercedes, Gabo la llamaba el “cocodrilo sagrado”

Plinio Apuleyo Mendoza
: - Periodista, escritor y político colombiano/Amigo personal de Gabriel García Márquez- Últimos libros: “Muchas cosas que contar” (libro de anécdotas e historias, sus recuerdos de Jorge Eliécer Gaitán, sus relaciones con el poder y su visión de la izquierda, en la que en algún momento creyó y “Aquellos tiempos con Gabo”: amigos de toda la vida, Gabriel García Márquez, el premio Nobel colombiano, y Plinio Apuleyo Mendoza, el escritor colombiano, compartieron el inicio de Prensa Latina, la agencia cubana de noticias y los fervores del inicio del régimen castrista. Frente a la evolución del régimen hicieron distintas elecciones. Aquí Mendoza narra aquellos tiempos en que García Márquez era un periodista y escritor abriéndose camino.

MHG: ¿Usted estuvo en los inicios de aquella agencia de noticias cubana Prensa Latina?
PM: Sí, yo fui el director de la agencia en Colombia, cuando estaba recién fundada. Una casualidad, yo acababa de regresar a Colombia y llegó un enviado de La Habana buscando que podía hacer en cada país. Amigos míos me recomendaron y me llamaron y yo acepté porque en esos momentos yo tenía una gran simpatía pro la revolución.
MHG: ¿Qué lo había acercado a esa revolución?
PM: Cuando se produjo la revolución, con la caída de Batista, yo me encontraba con García Márquez en Venezuela, teníamos una revista que se llamaba Momentos y nos interesó enormemente y teníamos mucha simpatía cuando estaba Fidel Castro en Sierra Maestra. Pero apenas llegó, los periodistas venezolanos fueron invitados a La Habana, y nosotros fuimos también justo cuando llegó Castro y realizó el primer mitin en La Habana. Ahora bien, en Prensa Latina una de las personas que más nos guió fue Ricardo Masetti, gran amigo, nosotros éramos muy solidarios con él.
MHG: ¿Por qué solidarios?
PM: Solidario en este sentido porque los periodistas comunistas, del partido, intrigaban mucho para ocupar posiciones claves dentro de la agencia. Recuerdo que García Márquez y yo íbamos por temporadas a La Habana y a los dos nos ocurrió lo mismo, salíamos con Masetti a las dos de la madrugada y veíamos una ventana con luz, eran los periodistas del partido y Masetti les decía “no tienen por qué reunirse aparte ni conspirar, la revolución nos cubre a todos, todos somos militantes, no tienen ustedes por qué reunirse a aparte, etc., etc., etc., y como no le hicieron caso terminó despidiéndolos. Fidel parecía que lo apoyaba, pero al contrario, le pidieron que los vuelvan a reenganchar porque el ministerio de trabajo estaba en manos de ellos… Masetti renunció y nosotros renunciamos solidariamente con él. Es muy curioso: nosotros habíamos estado en el campo comunista, en Unión Soviética, Polonia, Hungría, Alemania Oriental, etc., y habíamos visto cuál era la realidad de modo que simpatía no teníamos por ese mundo y me acuerdo que cuando llegaba un periodista del partido y venía de la Unión Soviética y comenzaba a hablar tonterías acerca de las supuestas maravillas del sistema comunista, me acuerdo que yo hacía una cara y Ricardo me dijo: “no están cansado de escuchar tanta boludez”, entonces me dí cuenta que pensaba igual que nosotros. Él tenía una visión distinta, no tenía una visión ortodoxa del comunismo ni mecho menos, por eso terminamos renunciado a la agencia y resulta paradójico hoy en día porque quedamos calificados de contrarrevolucionarios. Porque una vez un comisario nos dijo que a la revolución no se renuncia porque la revolución tiene siempre razones sin medida, de manera tal que no pueden ustedes renunciar porque pueden quedar considerados como contrarrevolucionarios. Y así quedamos.
MHG: ¿Usted también lo conoció al Che?
PM: Sí, pero no tuve una relación muy directa, lo veía cuando iba para la agencia, pero no lo conocí en profundidad.
MHG: García Márquez ha estado siempre cerca de Fidel por la amistad que los une, ¿usted cuándo se aleja?
PM: Gabo durante mucho tiempo ha tenido una visión muy esquiva de la revolución, me acuerdo que vivía en Barcelona y Márquez ya era famoso porque había publicado su libro “Cien años de soledad”, me llamó a La Habana para que conociera dirigentes exilados ya de la revolución, como Carlos Ftanchi, él tenía una visión muy crítica de lo que estaba ocurriendo en Cuba.
MHG: Usted ha escrito el libro “Aquellos tiempos con Gabo”, le pido que comparta con nuestro público un análisis del mismo
PM: El primer capítulo es muy irreverente porque cuento cómo lo conocí y tenía 15 años en ese momento, él tenía 20. Nos conocimos en un café de Bogotá y lo que vi fue un personaje muy curioso, muy tropical, con esa vestimenta clara con la que había entrado al café, y que le hizo toda clase de propuestas a la camarera. No solamente propuestas, me acuerdo que cuando estaba en Portugal una periodista me preguntó cómo lo había conocido y yo dije que haciendo propuestas indebidas y me dijo: “propuestas indebidas no, puso una mano en el trasero de la camarera”, y agregó: “¿usted escribió en un libro y no lo recuerda”?, y yo dije que sí, que era cierto. He escrito capítulos irreverentes… cuando lo conocí vi un personaje extraño, que tomó una cerveza y no la pagó y que me dijo el compañero que me había presentado que era un caso perdido, “es un buen escritor, pero es un desastre como alumno, no presenta exámenes, anda tomando en las cantinas…” Esa fue la primera visión que tuve de él. Pero siete años después, nos encontramos en París, nos conocimos, él vivía enfrente de mí en el barrio latino, etc., etc., yo he contado cómo fue que nos hicimos amigos: cuando publicó su primer libro: “La hojarasca”, me pareció un poco desdeñoso, autosuficiente, entre otras cosas, el caso fue que llegó el día de navidad y lo llevé a casa de un amigo y la mujer que era americana me dijo porqué trajiste un tipo tan horrible a mi casa, apaga los cigarrillos en la suela de los zapatos. Dos o tres días después lo invité a comer y me acuerdo que cuando salimos me dijo que nunca había visto la nieve y todo estaba cubierto de blanco , se emocionó tanto que gritó: “mierda” y salió corriendo por el boulevard como un futbolista que había convertido un gol y saltaba con los brazos estirados. Yo me dije éste es loco , podemos ser amigos.
MHG: ¿Cuál es la imagen que tiene acerca de la amistad entre ambos?
PM: Hay dos García Márquez. Yo conviví casi 20 años con García Márquez, éramos tan amigos que éramos como hermanos, me nombró padrino de su hijo Rodrigo que es director de cine, me llamaba compadre y yo lo ayudé en todo lo que pude. Más allá de lo que fue él como escritor y con toda la fama que ha conseguido por sus obras para mí ha seguido siendo el mismo de siempre y con el que hablo con mucha franqueza, inclusive de Castro, pero al mismo tiempo hay algo que la gente ignora, nos hemos puesto de acuerdo en una secreta complicidad para sacar gente de Cuba, escritores, Padilla, Norberto fuentes, bueno… una cantidad enorme. A mí me llegaban amigos como Montaner y me decía que por qué no firmábamos un manifiesto de protesta, y yo le decía preguntaba si quería protestar o sacar a tal o cual de Cuba. Yo lo llamaba a Gabo y le pedía ayuda y efectivamente con su influencia sacaba mucha gente de Cuba y sí hemos sacado mucha gente, no solamente escritores famosos, sino gente desconocida. De pronto, me acuerdo, cuando estaba viviendo en Portugal, quien estaba en la agencia EFE era una cubano exilado y me pidió ayuda por su madre, tiene más de 80 años y viene cada 2 años a visitarme pero ya no la dejan salir, y le dije que le llamaba a Gabo y a los 8 días la señora estaba allá.
MHG: Tengo entendido que García Márquez no la está pasando del todo bien en su salud.
PM: Justamente a mí me preguntan mucho sobre eso porque soy su amigo pero en realidad hace 5 años que no lo veo, porque no he podido ir a México y cuando vino a Colombia yo estaba viviendo en España, y no nos hemos cruzado, hemos hablado por teléfono. La última vez que lo vi personalmente fue en Barcelona… y tenía olvidos, los olvidos que tenemos de viejo, yo tengo 80 años y también los tengo, eso inquietaba mucho a su esposa Mercedes… pero me acuerdo que su memoria remota estaba prefecta porque nos pusimos hablar de tiempos pasados tan dichoso y nos tomamos uno vinos y fue maravilloso recordar tantas cosas lindas. Yo lo llamaba por teléfono y a veces me parecía que no sabía con quien estaba hablando, hacía preguntas vagas ¿Cómo estás= ¿Dónde estás?... su conversación estaba plagada de preguntas genéricas y entonces en un momento dado él no volvió a pasar el teléfono, pero los amigos que han ido a México me han dicho que los reconoce perfectamente. Tiene muchos olvidos, espero que no sea alzhéimer, sino cosas que vienen con la edad que son trampas de la memoria y que son peligrosas.
MHG: ¿Qué ha puesto en el último libro “Muchas cosas que contar” acerca de Gabo?
PM: Es un libro que ha tenido mucho éxito, aunque yo me temo que pronto sea un libro un poco local porque habla de personajes que son conocidos apenas en Colombia. De él recuerdo todas las historias de los años 50 cuando era pobre en París, nunca aceptaba que uno le prestara dinero, porque no sabía si podía pagarlo. Pero era admirable porque cuando un día estábamos en París y vi la noticia que Rodas Pinilla, un dictador que tenía Colombia, había cerrado el diario Espectador, el cual era el diario del cual él vivía como corresponsal en París, pero no quiso regresar a Colombia que hubiera sido lo más sencillo y lo más fácil porque estaba escribiendo “El coronel no tiene quien le escriba”… era increíble: no pudo pagar el hotel durante 7 meses y la señora dueña del hotel le esperó para que pagara durante ese tiempo, un amigo mío le pagó el hotel. Todo esto, esa vida dura, lo cuento en el “García Márquez de los años 50”, que es un capítulo que tiene este libro.
MHG: Usted señala una y otra vez la figura de Mercedes, ¿qué ha sido y qué es Mercedes en la vida de Gabo?
PM: El cocodrilo sagrado, él llamaba así, era la novia de toda su vida, la tenía desde los 12 años de ella, en un pueblito de la costa completamente perdido. Ahí está el cocodrilo sagrado decía siempre… cuando lo llevé para Venezuela a trabajar porque se estaba muriendo de hambre en París, me dijo que se iba a casar, “me voy a Colombia por 8 días y vuelvo con mi mujer”… era una mujer delgada, de ojos rasgados, tímida, de origen egipcio y no hablaba nada, tanto que mis hermanas y yo la invitábamos a la casa nuestra a almorzar y nosotros decíamos que se había casado con una muda porque no hablaba. Pero un domingo los llevé a la playa y por decirle algo le dije espero que estén dedicados a fabricar un niño y entonces ella habló por primera vez y me dijo: “si, y tú vas a ser el padrino”. Ya con el tiempo y la celebridad fue una cosa distinta de lo que pasó, porque verdaderamente pasó hambre, tanto que no pudo mandar a Sudamericana en Buenos Aires todo el manuscrito, apenas la mitad porque no tenía cómo pagar y eso lo sufría Mercedes extraordinariamente. Y cuando vino la fama ; Mercedes es la que manejó el dinero, el no tenía ni idea, un día le pregunté cuánto pagaba por el apartamento el hijo en París, y ella le contesta que nada porque el departamento es nuestro. Es ella la que sabía de todo, Gabo no sabía nada de eso. Es un personaje importante porque si hay un problema con Gabo ella se encarga de llevarlo de un sitio a otro.
MHG: ¿HA cambiado la visión de su libro “Manual del perfecto idiota latinoamericano” acerca de los procesos políticos?
PM: Yo creo que no ha cambiado mucho. A mí me preocupa mucho el proceso en América Latina, porque lo que yo he descubierto como un fenómeno muy especial es que hay un divorcio total entre el mundo político y la sociedad civil. Político es mala palabra en muchos países nuestros, hay gente que no se siente representada por lo que hay, entonces aparece en algunos países esa figura histórica que es el caudillo, así aparece Chávez, no lo conocía nadie y precisamente porque era una figura nueva es que fue elegido, porque la gente no quería más lo que ofrecían los viejos partidos. Y lo mismo ha pasado en Ecuador y aún en Colombia, tenemos un alcalde que es un antiguo guerrillero y la gente lo votó porque era un candidato distinto que no pertenecía a un partido político, y ese es un fenómeno muy inquietante. Y esos caudillos tienden a repetir exactamente lo que hace el personaje que definíamos como el idiota, cuando oye hablar a Chávez, es como si estuviera repitiendo todo lo que pusimos en el libro.



30/06/2012