“En democracia plena nadie precisa que un gobernante sea algo más que un gobernante”

Lic. Santiago Kovadloff: - Licenciado en Filosofía- Ensayista, poeta, traductor y antólogo de literatura de lengua portuguesa.- Último libro: “El miedo a la politica”


MHG: Usted manifiesta que los populismos son el desvío de una democracia de funcionamiento pleno y tienen posibilidades de desarrollarse si no se reconstruyen los partidos políticos
SK: En primer término cualquiera que se atenga a las declaraciones de funcionarios del gobierno, como las de la Sra. Conti, advertirá que uno de los objetivos fundamentales es lograr las modificaciones constitucionales que permitan perpetuar el gobierno de la Dra. De Kirchner más allá de este segundo período que constitucionalmente ejerce con toda legitimidad.
MHG: Volvió a decirlo el vice presidente.
SK: Precisamente el vice presidente ha dicho algo muy importante en término de lo que significa, ha dicho que la señora presidente es mucho más que un gobernante. En un sistema democrático-republicano ningún país necesita que un funcionario que ejerza la primera magistratura sea mucho más que un gobernante, necesita que sea un gobernante, porque convalida con su investidura la primacía de las instituciones de la república. En un régimen democrático populista, las instituciones de la república están al servicio de un fortalecimiento creciente y constante del poder ejecutivo y de la figura de quien lo lidera en término de una hegemonía irreductible. Donde esto tiene lugar, el debate interpartidario y lo que podríamos llamar la alternancia de los partidos en el ejercicio del poder pasa a un segundo plano y va cayendo en una irrelevancia creciente. El propósito de una democracia populista es lograr una transición de lo que se considera la decadencia del sistema democrático republicano hacia un sistema de gobierno que, liderado por una fuerte personalidad que goza del apoyo de un sector importante del lectorado, pueda reemplazar ese sistema por uno nuevo en el cual el protagonismo personal es más potente que el de las investiduras que esas personas que ejercen el poder deberían tener.
MHG: ¿Se puede resumir diciendo que el populismo es la transición hacia el autoritarismo?
SK: No necesariamente, no sólo es la forma de transición hacia una forma de autoritarismo, sino que es también, y creo yo fundamentalmente, es la transición hacia un modelo de organización social que descansa sobre la supeditación de la actual constitución a un nuevo concepto de la legalidad en el que el poder está respaldado por el voto sin otra consideración como las que actualmente exigiría un sistema republicano. El autoritarismo hoy en día no aparece fundamentalmente dentro del sistema formalmente republicano todavía, pero ya lo hay. Y puede haber entonces autoritarismo en las conductas personales sin que necesariamente las leyes las convaliden. Cuando hay convalidación legal del autoritarismo, no se puede hablar de un autoritarismo convencional, tenemos que hablar de una modificación estructural del concepto de ley en el sistema político. Además, en el caso argentino, volviendo al comienzo de la reseña sobre lo que habíamos conversado la semana pasada, hay un 46% del electorado que disiente con la orientación de este gobierno pero no encuentra representación convergente ante el oficialismo y eso no requiere un respuesta convencional como podría ser la de creer que ese 46% está formado por gente de muy distintas ideas que no tiene manera de ponerse de acuerdo, la disidencia si fuera en defensa del sistema democrático-republicano podría ser pospuesta ante la consciencia de los riesgos que el sistema corre ante el sistema de la democracia populista, de tal manera que quienes hoy integran distintas tendencias políticas, digan: “bueno, vamos a posponer nuestras diferencias internas para salvar el sistema”. Pero esto no se está logrando ni viendo. Es necesario que se vea, es necesario que se incurra en medidas fundamentales en defensa de la constitución tal como la concebimos nosotros para poder enfrentar al oficialismo en defensa del sistema de la alternancia partidaria en el poder. Por supuesto que esto encierra riesgos enormes debido a las disidencias internas de quienes integrarían ese frente común. Pero si partimos de la hipótesis que las disidencias internas no justifican la formación de ese frente porque no garantizarían su perdurabilidad, entonces el sistema bipartidario o de alternancia en el poder en el marco de una democracia republicana está perdido.
MHG: Estuvimos hablando con el presidente del radicalismo, el Ing. Mario Barletta, quien tiene muy buenas intenciones pero ¿cómo se pueden unir el radicalismo y el socialismo si no lo pudieron hacer tres meses atrás?
SK: Yo nunca criticaría de manera irreversible el hecho que se vuelva a retomar la búsqueda de una unidad. Si la consciencia de los riesgos de extinción que amenazan al sistema pluripartidista en Argentina es profunda, los intentos que se hagan por reparar los errores que se cometieron en el pasado me parecen aceptables. El tema es ir advirtiendo hasta qué punto la sociedad o el sector de la sociedad que no apoya al oficialismo, aunque reconoce su legitimidad, está necesitada de procedimientos que sean perdurables y repetitivos de sus necesidades sociales. Hoy en día yo creo que la tarea es enorme, muy difícil, pero imprescindible. Recordaría, en ese sentido, que no necesariamente la dificultad debe derrotar la consciencia de la necesidad. Si algo es necesario debe trabajarse para lograrlo aunque las dificultades sean enormes.
MHG: ¿Algo que no penetra en la sociedad como la corrupción, qué papel juego en todo esto?
SK: Una cosa es denunciar la corrupción vigente por cierto en el oficialismo, que también tuvo vigencia en la oposición, recordemos que en tiempo de De la Rúa se probaron delitos enormes, hubo denuncias hechas por periodistas como Joaquín Morales Solá, de mucha importancia, sobre los procedimientos en el Senado. Pero para que la corrupción pueda constituir un motivo de denuncia significativo también es necesario que la oposición sea representativa y constituya una alternativa. La oposición genera indignación en la sociedad, pero la indignación en la sociedad no encuentra marcos suficientemente representativos como para convertirse en una fuerza de ideas. El caso concreto es el de Elisa Carrió, quien posiblemente con el tiempo llegue a ser reconocida como una de las figuras de la oposición que más profundamente llevó adelante la denuncia de la corrupción de la sociedad. Sin embargo, no alcanzó a ser representativa en el orden político estricto, quedó en una denuncia personal todo lo que ella emprendió, porque los canales políticos que deberían haber capitalizado esas denuncias no terminaron de conformarse con fuerza. De modo tal que corrupción sin canales políticos adecuados para convertir la denuncia en un recurso de conformación de un frente político significativo fatalmente se agotan en la indignación y en el escándalo.
MHG: ¿Pero hoy el oficialismo ha puesto como oposición a los medios, a Moyano y a Scioli que está dentro de su esquema?
SK: Creo que en este momento la conducta defensiva del gobierno ante lo que podríamos considerar una oposición está fundamentalmente centrada en esas tres figuras que ha mencionado. Y con razón, porque en verdad podríamos decir que la preocupación fundamental del gobierno con respecto a su propia sustentabilidad pasa por la posibilidad de debilitar dos frentes internos que son el gobernador de la provincia de buenas Aires y el líder de buena parte del sindicalismo, de la CGT, y también por los medios que son la única voz y temática que se pronuncia con espíritu crítico y en ese sentido relativiza el alcance de las verdades enunciadas por el gobierno. Otras fuerzas por el momento no las hay. Pero no porque no haya voces de la oposición que se manifiesten críticamente sino porque el alcance social, la representatividad real de esas voces es muy pequeño.
MHG: ¿Cómo evalúa la reaparición de la presidente y el discurso pronunciado?
SK: Como la expresión de una hegemonía que no ha sufrido ningún riesgo de salud. Si la presidente ha estado expuesta a un riesgo de salud, por suerte ha salido triunfante, ella irrumpe en el escenario político como alguien que goza de plena salud y no ha sufrido ninguna intervención. El discurso es el de alguien que no ha sido afectado por ninguna dolencia, por lo tanto evidencia una postura inmune a cualquier contradicción o cualquier conflicto que pueda comprometer la presunta coherencia con que el gobierno procede. Es un viejo discurso en una persona restablecida.



28/01/2012