“La cultura de violencia que Brasil comparte con otros países es antigua”“La ley seca para todos es una medida interesante para los fines de semana”

“Nunca se puede llegar a tan altos niveles de violencia sin connivencia con policías y políticos


Dr. Julio Jacobo Waiselfisz: - director de investigaciones de Sangari,(San Pablo)
- Sociólogo argentino que condujo la experiencia de “Escuelas Abiertas” de la UNESCO en Brasil


MHG: El proyecto de escuelas abiertas era un sendero para desandar el camino de la violencia juvenil. ¿Qué pasó con ese proyecto?
JW: El proyecto lo comenzamos en el año 2002 en Pernambuco, después se extendió para Río de Janeiro y hubo una expansión extraordinario a lo largo del tiempo, fue para Bahía, para San Pablo, y en 2004 fue asumido por el ministerio de educación de Brasil y se convirtió en un programa nacional y federal del propio ministerio, bajo su fiscalización, o sea, que continúa actuando hasta nuestros días.

MHG: ¿Da los resultados esperados?
JW: Parcialmente, sí. Nosotros no lo planteamos como una solución a todos los problemas, lo planteamos sólo como una medida de protección. Como cuando uno pone plata en un banco, es para protección, eso no quiere decir que la criminalidad y la violencia no vayan para otro lugar. Simplemente es buscar que ese lugar está protegido y el joven que participa está relativamente protegido Los mapas de violencia que hemos elaborado, fue el que nos dio las pistas para instalar las escuelas abiertas. El primer mapa de la violencia se dictó en 1998, a raíz de la muerte de un indio que estaba en una parada de ómnibus, pasaron unos chicos, le tiraron alcohol y lo quemaron. El joven murió. Ese acto de violencia nos impresionó mucho, porque cuando un reportero le preguntó a uno de los jóvenes, que tenia de 18 a 22 años, por qué habían quemado al indio, respondió que no sabía que era un indio, creían que era un mendigo… Parecía que con el indio no se puede, pero con el mendigo, sí. Nos impresionó tanto que comenzamos a realizar varias investigaciones y al juntarlas hicimos el mapa de la violencia entre los jóvenes de Brasil, que se fue repitiendo año tras año y se actualiza con otros tipos de análisis. Una cosa que salió nítida era que los fines de semana, del viernes a la noche a la madrugada del lunes, prácticamente se duplica el número de víctimas de jóvenes por homicidio.

MHG: ¿Esto tiene que ver con el alcohol o por tipos diversos de drogas?
JW: Probablemente. Nosotros tenemos ese dato. Otros estudios, no el mapa de la violencia, llegan a esa conclusión. Tanto es así que una de las causas que llevó a San Pablo a bajar el nivel de violencia homicida, fue que muchos municipios implantaron la ley seca. Hicieron una investigación y vieron que en el municipio con respecto al alcohol, la droga nocturna, que hay una división muy tenue en que se pasa de tiempo de placer a un tiempo de violencia, hay un límite muy tenue que divide lo que sería esparcimiento de lo que sería violencia. Esta ley prohibía vender bebidas alcohólicas a los jóvenes.

MHG: Me impacto de su trabajo que los jóvenes no pueden solucionar sus problemas con el diálogo y consideran que los conflictos se solucionan con el fin del otro.
JW: Exactamente. Generalmente hay un estereotipo que achaca todo a la droga, entró el crack, entró y eso es innegable, pero no todos los países que tienen droga tienen ese nivel de violencia. Hay algo que nosotros llamamos la cultura de la violencia en Latinoamérica. No es sólo Brasil, se comparte con países como El Salvador, Colombia, Venezuela, Guatemala, una cultura de la violencia que es prehistórica. La vida vale muy poco y la v ida del prójimo vale menos y cualquier conflicto se resuelve no por el diálogo sino exterminando el elemento conflictivo. A eso se agrega al fácil acceso a las armas de fuego en Brasil.

MHG: ¿Qué mirada tiene sobre Argentina en este terreno?
JW: Intentamos hacer hace algunos años, a pedido de algunas autoridades argentinas, porque el mapa era de UNESCO, se pidió si se podía elaborar uno, solicitaron, precisamente el ministerio de educación, comenzamos a levantar datos del INDEC y vimos que realmente el panorama en Argentina no era semejante al del resto de América Latina. En todos los mapas hacemos un balance internacional del Brasil, trabajamos con 100 países del mundo a partir de datos homogéneos de la Organización Mundial de la Salud, que tiene un sistema de salud internacional. Todos los países le envían datos de mortalidad que se realiza de la misma forma partir de una clasificación internacional que es muy rígida, entonces puedo hacer comparaciones internacionales. La última comparación que hice entre 100 países del mundo, el Brasil tiene una tasa de homicidios de 26,4 por cada 100 mil habitantes, Argentina, tiene una tasa de 4,3, de cada 100. O sea, que Brasil tiene 6 veces más muertos por cada uno de los argentinos. Con los jóvenes acontece más o menos lo mismo. Argentina tiene 6,8 homicidios de jóvenes, hasta 2007 que es el último dato disponible, cada 100 mil jóvenes de 15 a 24 años, Brasil tiene 52,9, es decir, que tiene 7 veces más. Creo que por los datos que tenemos y por la comparación que se hizo en le época, que a pesar de ser índice elevados, están en lo que podríamos decir está en la media internacional, ésta es de 7 homicidios cada 100 mil habitantes, Argentina está con 4,3, la media europea es diferente, es de 1 homicidio cada 100 mil habitantes. Algunos países de Europa llegar a medio homicidio, eso en los países civilizados.

MHG: Creo que esa cifra en Argentina debe haber aumentado porque a los homicidios ya habituales se agregaron los ajustes de cuentas, que en definitiva son homicidios.
JW: Obviamente, son homicidios, pero yo tengo datos al 2007, por ello puede haber un aumento y grave.

MHG: ¿Con esta cuestión social qué se hace?
JW: Básicamente, tenemos experiencias internacionales y nacionales, por ejemplo, varias ciudades de Colombia o Milán en Italia o Nueva York, con la tolerancia cero, que consiguieron bajar la violencia. Nosotros tenemos un ejemplo en Brasil muy nítido que es la región metropolitana de San Pablo, que pasó de ser uno de los estados que estaba en los primeros lugares, a ser el último en índices de violencia homicida. Municipios como Gauruyo o Diadema, que eran ejemplo internacional de violencia, el último llegó a tener 140 homicidios cada 100 mil habitantes, que es una cifra absurda. Colombia en la peor época llegó a tener 70 u 80 muertos. Escuela Abierta fue un factor decisivo, San Pablo fue el único estado de Brasil que, con recursos propios, sin contar con el ministerio abrió todas las escuelas estatales para los jóvenes para darles refugio. Se complementó con la implementación de la ley seca, para que los jóvenes no lo tengan como una alternativa. Yo hice un estudio sobre el tema y salí con las autoridades para cerrar locales que no cumplieran con la ley y se recorrían los barrios para comprobar esto. Diadema en 4 o 5 años pasó a 50 y en la actualidad está prácticamente en 30. Es decir, son cifras altas, es cierto, pero pasar de 140 a 30 marca una enorme diferencia de perspectivas.

MHG: La ley seca es un elemento muy interesante para el ahora, luego tendría que agregarse la educación y otras cosas conjuntamente.
JW: Nosotros llegamos a la comprobación que no hay una medida que sea automática porque en cada localidad las causas son diferentes. Por ejemplo, hemos llegado a la conclusión que las políticas son más eficientes a partir de hacerlas desde las municipalidades para arriba y no al revés. Todos los casos exitosos que se tienen hasta el momento son políticas locales, esto quiere decir que la municipalidad y la población asume esas políticas. Segundo, se juntan las políticas represivas, protectivas y preventivas, tres tipos de políticas. Las represivas son una vez acaecido el hecho, un buen esquema de investigación para solucionar la violencia, que en el Brasil no existe, porque los índices son muy altos. De cada 100 asesinatos, sólo son condenados 5 homicidas. 5% de eficiencia es un nivel muy bajo. Otra cuestión es tener una buena policía, un buen esquema de investigación y que la población confíe, aquí no se tiene confianza en el aparato, se dice que “que se prefiere sembrar un bandido y no un policía”. Hay una enorme desconfianza por la violencia que ejercen las fuerzas de seguridad.

MHG: En muchos casos la policía está comprometida…
JW: Exactamente. Hay una experiencia internacional que dice que nunca se puede llegar a niveles tan altos de violencia sino no hay una cooptación del aparato público. Como son dos fuerzas antagónicas solo pueden convivir por un pacto, el que pacta, no son los bandidos, por motivos diversos como corrupción, por intereses financieros, los que pactan son fuerzas del ejecutivo, del legislativo y del aparato judicial con la criminalidad. Y se descubre todos los días a un juez, un gobernador, un diputado pactando con las fuerzas de la criminalidad. Por ello se debe proteger a la población y la misma debe ser eficiente para que la población no entre en desconfianza con el aparato de seguridad. En Brasil se da una relación un tanto rara entre lo público y lo privado, en los últimos años a partir de esta eclosión de violencia empezaron a surgir con fuerza e intensidad todo un aparato de seguridad privado, carros blindados, jeep, se ponen garitas en los condominios, se electrifican, es una de las industrias de las que más ha crecido.

MHG: ¿Y da resultado?
JW: Da resultado. Lo que comprobamos en el mapa de la violencia en el cual tenemos un recorte por color: en los últimos años desde el 2002 la victimización de negros pobres era de 40% más que los blancos y morían en una cifra cercana, es proporcional con el tamaño de la población. En 2008 la cifra sube a 140% más, cada tres muertes dos son negros… eso pasa porque en los barrios de blancos tiene más impacto en los medios, cualquier problema que surge todo el mundo está sobre la policía para que solucione el problema, en cuanto que los barrios de los negros no hay ese tipo de impacto en los medios ni hay esas investigaciones tan minuciosas. El aparato de seguridad tanto público como privado se dedica exclusivamente a las clases más pudientes.

MHG: A quien puede pagar la custodia.
JW: Y lo raro del caso no eso, y esto ha ocurrido en todos los casos y en varios lugares del mundo, el estado ofrece lo mínimo indispensable y si usted tiene los medios, paga por fuera. Se paga lo privado. Ocurre en la educación y en otros ámbitos. Pero lo raro es que las fuerzas privadas son las mismas fuerzas o integrantes de la seguridad pública. Es decir, son los dueños de las agencias de seguridad privada. Entonces no hay el mínimo interés que la seguridad pública funciones porque se acaba el negocio.



15/10/2011