Sociedad huérfana - Diario La Capital
El 11 de setiembre fue acuñando a lo largo de la historia reciente, distintas connotaciones. Lamentablemente aún la que recuerda al gran maestro, tiene que ver con la muerte. Un 11 de setiembre moría Domingo Faustino Sarmiento, integrante de una generación que se destacó por apostar a un proyecto y no a un mandato. Sarmiento fue de los políticos que con sus errores y virtudes, pensó en cómo armar un país que seguramente él no vería. Un 11 de setiembre asesinan en Chile a Salvador Allende. Una vez más la impotencia de quienes no pueden abrazar convicciones democráticas y exponerla ante las urnas, recurren a la simplificación de creer que matando al otro se termina la historia. Esto puede ocurrir sólo si en ese hombre no hay proyecto ni historia. Un 11 de setiembre se atenta contra las Torres Gemelas, donde cientos de civiles “pagan” con su vida la derrota de la política. Los tres hechos mencionados bajo el manto de un 11 de setiembre, deben servir para el análisis de la política actual.
La pregunta sería ¿para qué las sociedades escriben sus reglas, llamadas leyes?. La respuesta es: porque toda convivencia así lo requiere. Si con leyes y constituciones muchas veces las sociedades y sus actores ingresan en terrenos nebulosos, imaginemos lo que sería sin el imperio de las mismas. El ejemplo gráfico que se me ocurre es el de un enorme embotellamiento. Los semáforos fallaron, el policía faltó y los autos fueron anulándose unos con otros, logrando no sólo la parálisis total sino una violencia inconducente. Dado que nadie sabe por qué está viviendo esa situación de mirar a lo lejos y no ver nada. La falta del ordenamiento que dan las leyes produce violencia. Y las consecuencias son insospechadas. Si las sociedades en su organización, buscaron esta manera para convivir, también resolvieron que los sueños colectivos deben tener sus reglas y normas. Así fue sencillamente, como nacieron los partidos políticos. Los pueblos tenían sueños que querían concretar y de la manera más artesanal buscaron pares que tuviesen el don de interpretarlos y la posibilidad de realizarlos. Se fueron aupando de acuerdo a los distintos intereses. Algunos tenían necesidad de libertad, otros de someter; pero siempre fueron sueños compartidos donde desde sus inicios existió el juego de mayorías y minorías. Esta enorme simplificación de la razón de ser de los partidos políticos, desnuda la involución que venimos atravesando los argentinos. Dado que no se vota por los sueños a concretar sino por hombres y mujeres a los que designamos albaceas de nuestro presente. Ya no son pares que interpretan y posibilitan nuestros sueños. Pareciese que la globalización y el consumismo anularon la trascendencia. Interesa simplemente el hoy. Si en nuestro país el ahorismo se ha vuelto mayoría es porque la educación debe ser algo más que un presupuesto educativo. Estamos viviendo momentos de enorme transición del brazo de las tecnologías. Los docentes deben encontrar el camino que los lleve nuevamente a ser maestros, que contagien a sus alumnos sus sueños, no sus frustraciones. Una sociedad que no sueña está condenada a transcurrir y no a trascender. Hoy los chicos exponen en las aulas sus catálogos de violencia y no sus barriletes de sueños. Las personas capaces de mantener un sueño seguramente sortearán los caminos más difíciles: de la exclusión, la pobreza, la violencia. Los sueños desbocados de los adolescentes son los que, dentro de los partidos políticos, sacudían la modorra de dirigentes enquistados. Allí se discutía. Allí se erraba. Y de ese disconformismo inconducente surgía la mejor rebeldía lista para madurar a través del sufragio popular. La falta de práctica de discusión política en nuestro país, ha llevado a la elección de candidatos a través de distintas cualidades personales, casi ninguno por un proyecto. El oficialismo tiene la ventaja y la desventaja de llevar ocho años en el gobierno, aunque evidencia cuando la Presidente habla del modelo y su profundización; que el mismo va haciéndose desde el presente. Queda claro que el modelo, su desarrollo y su factibilidad, se concentran en su máxima representante, todo es Cristina Fernández de Kirchner. En las oposiciones los políticos han demostrado ser esclavos de sus miserias y no de sus grandezas. Casi todos han pensado: “que estrategia me doy para ganar” y no “que estrategia realizo para convencer, seducir, persuadir”. Esto último es casi imposible porque nadie convence si no está convencido. Y si el convencimiento pasa por un acto individual, sólo el de ganar, no entusiasma a las mayorías. Después del 14 de agosto que sólo fue, aunque cueste recordarlo, una gran encuesta; las oposiciones se consumieron en su potencialidad demostrando que lo único que les interesaba era llegar, no perdurar. Un político que se precie de tal, que se sienta representante de muchos sueños puestos en su espalda, no baja los brazos ante un revés electoral. Y sabe que si flaqueasen sus fuerzas no desfallecería la causa, dado que otros la continuarían.
Sarmiento sabía que las ideas no se matan. Muchos de los políticos argentinos que hoy quieren representarnos, no lo saben.



10/09/2011