Corrupción e indiferencia - Diario La Capital
¿Por qué la corrupción no cala en la sociedad, por qué no se siente como algo brutal?.
El prestigioso politólogo con reconocimiento internacional Guillermo O¨Donnell, no pudo responder a esta pregunta con precisión. Luego de meditarlo manifestó: “La verdad que a mí esta cuestión me inquieta tanto como a usted, creo que es un terrible mal que nos corroe por todos lados y, lamentablemente, tampoco me lo puedo explicar. No sé… creo que hay tantas preocupaciones que aparecen como inmediatas: la inflación, la inseguridad, que tal vez tapen en la lista de prioridades de buena parte de las personas, a otras, cuyas consecuencias aparecen como menos inmediatas”
Cada semana algo esperable acontece en Argentina. Siguiendo un circuito que comprende: la noticia, el asombro, el comentario posterior, y el acostumbramiento que termina en aceptación o lo que es peor, en indiferencia. Cuando el ahorismo marca el tiempo social, la sociedad está en problemas.
Habita Argentina una sociedad fragmentada por sus vivencias y/o percepciones. La larga extensión geográfica, a pesar del google y del wikileaks no acorta distancias. Es más, aun la muerte se desdibuja según el punto geográfico donde se produce. No tienen el mismo impacto hoy los dos asesinatos en los enfrenamientos de Formosa, que el que tuvieron las muertes de Kosteki y Santillán.
El mayor proceso de transformación en Argentina logró que su sociedad tuviese un mojón reducido de personas muy ricas y un mojón reducido de personas muy pobres. La posibilidad de que los hijos superasen en educación, situación económica y social a sus padres, fue el mejor ejemplo de que ese proyecto transformador de país fue exitoso.
¿Qué pasó después?
Indudablemente hay un desentendimiento entre la sociedad y la política. Santiago Kovadloff cree que: “La Argentina no terminó de concretar su transición del autoritarismo a la vida democrática, y no lo ha hecho porque las instituciones no llegaron a jugar el papel determinante que deberán llegar a jugar en el futuro si queremos que esa transición termine. Si recorremos las páginas de los grandes pensadores de nuestra historia, se puede ver que el desvelo fundamental es esta transición de la vida fragmentaria a la integración, a la unión nacional. Ese pasaje no se ha terminado de cumplir, por eso seguimos siendo en aspectos decisivos, un país que está más cerca del siglo 19 que del 21”
La escuela perdió su exigencia y su autoridad. Indudablemente la baja calidad educativa, la deserción al ciclo escolar en todos los niveles, la exclusión digitada del circuito laboral con la consecuencia inmediata del desmembramiento familiar, produjo el debilitamiento de los valores en las familias argentinas. El nuevo ingrediente aparecido con enorme fortaleza en la Argentina de los 90, la pobreza, fue ganando espacio y condice con una Argentina en la cual la corrupción también fue ganando espacio. A tal punto la pobreza se ha empobrecido en Argentina que el vicerrector de la UNR Eduardo Seminara, está pensando en proponer a las universidades un sistema por el cual personas provenientes de barrios marginales tengan un tratamiento de contención y acompañamiento en lo educativo que supere lo económico, dado que de lo contrario es imposible su inserción. Este loable proyecto desnuda la pauperización social argentina.
El sindicalismo también desdibujó su rol señero. Sus dirigentes, con sus honrosas excepciones, se convirtieron de hecho y concepción en empresarios, abandonando su razón de ser.
El empresariado argentino, también con sus honrosas excepciones, dejó en el placard su traje de burguesía nacional, y se convirtió en subsidio-dependiente del gobierno de turno. Hilando fino, estos cambios en la naturaleza de la representatividad de los sectores, es parte de la corrupción. Argentina se muestra tal vez más desnuda que nunca. Casi sin pudor cada sector muestra su juego. El Dr. O¨Donnell está convencido que “la alternativa a la decadencia política pasa por quien tenga claridad de propuestas y ejemplaridad”. Dado que el enquistamiento de la corrupción está en los poderes que atacan el destino público, desmontar estos poderes añejos, consolidados y pervertidos, es el único camino que puede en un par de décadas, rescatar a la Argentina de tanta injusticia, desigualdad, claudicación y empobrecimiento.
El gobierno de la Presidente Kirchner pareciera evidenciar un cambio en su accionar: por ejemplo el discurso productivo ante las autoridades de la UIA. Si la voluntad política es el cambio, la Presidente debiese impartir -si no se siente involucrada- órdenes precisas para investigar hasta las últimas consecuencias y clarificar las valijas de Antonini, el caso Skanska, la bolsa en el baño de Miceli, Jaime, etc….
Cada peso que va a la corrupción es un chico más que come de la basura.




04/12/2010