Crecimiento empobrecedor - Diario La Capital
En medio una vez más de violencia, muerte, destemplanza y acusaciones políticas, Argentina y los argentinos deberemos plantearnos a qué nos conduce la política de amigos/enemigos. ¿Cuánta violencia soporta una democracia?, ¿cuánta pobreza soporta una democracia?...Años atrás Monseñor Bergoglio dijo “los pobres sobran”. Hace pocos días refrescó el tema hablando del fracaso colectivo de oficialismos y oposiciones por no lograr acordar un proyecto de país con desarrollo e inclusión. Tal vez el ejemplo más cercano de este fracaso colectivo tenga que ver con la ley sancionada por el Congreso, para que los haberes de los jubilados alcancen el 82% móvil y su veto inmediato. La política propuesta por el kirchnerismo de victorias o derrotas, de amigos o enemigos, contagia más de una vez a quienes debieran ser circunstanciales adversarios, quienes terminan adoptando las mismas conductas. Pasa a ser prioritario el vencer al otro y no el encontrar un punto de entendimiento para favorecer al sujeto de tal contienda. En este caso, cinco millones y medios de jubilados. Ya de por sí merece una enorme reflexión que el 73% de ellos esté bajo la línea de pobreza. ¿Cómo adjetivar a una Argentina que durante casi una década creció al 9% anual y no puede brindar una jubilación digna? ¿Cómo adjetivar la expresión de un diputado nacional que se autodefine como peronista, integrante del Frente para la Victoria, José Maria Díaz Bancalari, cuando consultado sobre si es posible que un jubilado sobreviva con los actuales mil cuarenta pesos, contestó: “¡… así vivieron hasta ahora… pueden seguir haciéndolo…!”
¿Qué nos pasó en la Argentina para que, de aquel compromiso político e idealista que llevo a muchos a poner en juego su vida, tengamos este hoy con tanta liviandad de compromiso? ¿Qué pasó en la dirigencia política que dejó de lado el debate ideológico para dedicarse a captar adeptos por twitter? Lo modernización es indiscutible. La idiotez es deleznable. No tuvo mucha difusión y aquí debemos coincidir con la Presidente, la explosión de un alumno marplatense, que en forma intempestiva tirando al aire su netbook le espetó al ministro de economía Boudou sobre la inutilidad de la tecnología, cuando la panza está vacía. La presidente Kirchner habla de sus ganas de nacionalizar, no de estatizar aclaró, los medios de comunicación. Para el diccionario ambos términos son sinónimos. Y la realidad señala como urgente y prioritario generar políticas para “nacionalizar” la necesidad de los excluidos y empobrecidos. Esto no se logra con asignaciones universales por hijo o diversos planes sociales; se hace con trabajo en blanco y con doble escolaridad para los chicos más necesitados. Es maravilloso que la Presidente anuncie la digitalización para todos. Claro que sin resolver la exclusión y pobreza para muchos, suena necio. Tal vez para un momento de introspección sirva analizar la frase de un presidente que termina su mandato en Brasil, Lula, con el 82% de ponderación positiva. Dijo, a la hora de evaluar su accionar, que se va triste porque si bien logró con sus políticas sacar del hambre a millones de compatriotas, otro tanto, al decir de su candidata Dilma Rousseff “viven como en siglo 19…”.
Retomando la reflexión sobre el qué nos pasó para que nada logre conmovernos al punto de hacernos cambiar, tal vez, nos pasó el neoliberalismo. El cardenal Bergoglio hacía mención a aquella Argentina que construyó una sociedad con movilidad social ascendente, con derechos sociales extendidos, con pleno empleo, con alto consumo, con participación política, con salarios que participaban del ingreso nacional en un 50%… A propósito, ¿qué nos pasó para tener hoy asalariados y jubilados pobres? Aquella era una estructura de país con partidos políticos, con burguesía nacional, con empresarios que invertían en el país. La dictadura no sólo nos dejó la muerte y la tortura de miles de personas. Existe un costado no tan difundido, y tiene ver con la desaparición forzosa de empresarios y el apropiamiento de sus bienes,de aquellos que no se encuadraban y entorpecían el proyecto del Proceso. Días atrás conversando con Luis Alberto Oddone, cabeza de un holding empresario nacional que llegó a emplear a 5,5 mil empleados en forma directa y 30 mil en forma indirecta. Cuyas empresas facturaban en la parte industrial U$S 1.800 millones por año, y el banco movía U$S 200 millones por día. Nacido a la actividad durante el desarrollismo de la presidencia de Frondizi; manifestó que a través de su actividad financiera en el banco Oddone sustentaba la actividad productiva que tenía como eje los commodities y se había diversificado hacia áreas que comprendían desde la minería a la cosmetología. Martínez de Hoz decidió descabezarlo al igual que al grupo Grecco, al BIR y a Sasetru. En la cárcel, Alejandro Reynal, vicepresidente primero del Banco Central, lo forzó a malvender la tarjeta Dinners. Lo increíble es que este hombre que fue apresado en la dictadura, torturado, lleva treinta años y nueve meses de proceso judicial contra el banco Central desarrollándose en los estrados judiciales sin prisa y sin pausa. Cree que Argentina es una nación sin destino, hasta que haya una conducción política que se identifique con el interés nacional y con un desarrollo económico en función de un sentido patriótico y no especulativo personal. Aleja esta posibilidad de este hoy, por la fractura de los partidos políticos y porque el oficialismo, entiende, dejó de ser un partido político para ser una sociedad de negocios, y ya no trabaja en función, como decía Charles de Gaulle, de un ideal o una doctrina que es lo que se necesita para gobernar; sino en función de intereses particulares.
La respuesta tal vez a tantos porqué, es que la economía argentina es de un crecimiento empobrecedor, y la política institucional es de una debilidad en crecimiento.


23/10/2010