“El drogadicto habla a través de sus hechos, no lo hace por sus palabras; incluso usa las palabras para esconder lo que hace, lo que siente, lo que realmente la droga hace de él”
Dr. Héctor Basile:
- Psiquiatra especialista en Depresión Infanto Juvenil y Suicidio Adolescente.
- Ex-Presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatría Infanto Juvenil de la
Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

MHG: Día a día suceden hechos delictivos, con una mayor cotidianeidad de lo deseable, en donde están involucrados los menores. Uno tiene la presunción que la droga está haciendo estragos en la psiquis, en la conducta de estos chicos…
HB: Evidentemente la juventud, la adolescencia es un momento crítico en el desarrollo, incluso las últimas investigaciones de la neurociencia, está mostrando precisamente que las células que están afectadas al proceso del desarrollo, trasladándose de una forma de metabolizar en los niños a otra forma distinta de metabolizar y procesar la información en los adultos; se torna esta misma célula, esos mismos tejidos, en especialmente vulnerables en cuando a esta edad que nos convoca que es la adolescencia. Incluso esta situación de paso de un momento de relativa calma y de expresión de la vida a la lucha por la vida, a la reubicación, al saber quién es uno mismo, producto de este mismo tipo de desarrollo, hace que el metabolismo neuronal sea más ávido y busque las emociones, busque los riesgos, busque las tensiones. Esto hace que los adolescentes se transformen en más dependientes, pero esto es una cosa que tiene que ver con la neurobiología, con la sociología y con la psicología. Específicamente con la psicología tiene otro elemento que ver es que estamos viviendo en una situación de una sociedad mundial, no solo argentina, de un desarrollo cada vez más violento, cada vez más conflictivo, cada vez mas difícil de comprender y ubicarse, lo que hace precisamente que este grupo etario de los adolescentes, que de por sí son conflictivos, caigan rápidamente en los malos ejemplos, en identificarse con lo peor y no con lo mejor, precisamente por ser conflictivos. Esto no justifica para nada la comisión de hechos violentos, los adolescentes luchan por encontrarse, a veces se ponen violentos con la sociedad que no les brinda las oportunidades que corresponden y eso los lleva a luchar y como no tienen los frenos, probablemente muchas veces pasan a la violencia.

MHG: Cuando usted se refiere a que no tienen frenos ¿es porque ni la familia, ni la escuela, ni la sociedad, pone esos límites en la formación de los adolescentes?
HB: La sociedad nuestra, y cuando digo nuestra, digo universal, porque esto sucede tanto en oriente como en occidente; se está haciendo cada vez más conflictiva, cada vez más tiende a dejar hacer, a dejar pasar las actitudes porque nadie sabe a ciencia cierta en esta ética lavada que estamos viviendo, quien tiene la razón para poner los límites. Los padres están asustados, no saben realmente quienes son ellos mismos; más difícil les resulta poner límites a los adolescentes quienes por otra parte tratan de no tener ninguno…

MHG: Ante este cuadro de situación ¿por dónde empezar?
HB: Primero, volver a las fuentes: qué es lo que está bien y qué es lo que está mal. Hay una medida para esto: lo que está bien es lo que es capaz de hacernos sentir mejor a todos; y lo que está mal es aquello que no me gustaría que me hicieran a mi…

MHG: Consejo profundo y simple a la vez…
HB: Es muy simple… Un viejo aforismo de Kant dice “no hagas nunca a los otros lo que no te gustaría que te hagan a vos”. Esto es el fundamento de la moral. Los chicos muchas veces no saben entender muy bien esto, por gusto, por impulso o por deseo, se extralimitan. Pero cualquier padre que vive en una villa de emergencia, cualquier padre de clase media, cualquier padre chacarero, sabe muy bien mostrarle al hijo lo que a él no le gustaría que le hicieran. Todo esto hay que llevarlo a una categoría de axioma para toda la vida. No se trata de religiones, no se trata de épocas, no se trata de circunstancias, no se trata de conflictos ciudadanos o rurales, se trata de aquello que hace mal y no está bien que me lo hagan a mí y por lo tanto no debo hacerlo. No tengo que meterle la mano en el bolsillo a alguien que está trabajando y ganándose la vida honradamente, no está bien agredir a una mujer en la calle porque es una chica agradable, no está bien aprovecharse de alguien que es marginal o desvalido… esto lo entiende todo el mundo, no necesitamos que venga en una cartilla de ética. Pero esto lo tienen que entender los padres firmemente, mostrar que estas son las reglas fundamentales de la vida y si un joven o un chico no respetan esto, no van a tener éxito en la vida. La vida no regala éxito, la vida cobra muy caro cuando uno se sale de la ética. Pero a través de la droga muchas veces los jóvenes, los chicos, creen que son omnipotentes, que pueden hacer cualquier cosa, que ellos son mejores que nadie…Los chicos que están influenciados por la droga se sienten muy omnipotentes, se sienten por encima de la ley, se sienten tan perfectos que creen que la ley no tiene nada que ver con ellos…

MHG: ¿Llegan a tener esa conciencia o bien no registran las leyes porque pierden precisamente la conciencia?
HB: Las dos cosas son la misma. Sienten lo mismo desde un aspecto racional y desde un aspecto inconciente. En realidad sienten que son ellos, que son únicos y no necesitan expresar la palabra, directamente lo actúan. La característica de un adolescente drogado, o de un adolescente que no tuvo límites en su formación porque sus padres no se ocuparon de ellos, los que no han podido pensar en su ubicación en el mundo en relación entre lo que está bien y lo que está mal; sienten que pueden hacer cualquier cosa.

MHG: La palabra que no dice el adolescente, se transmite en acción, muchas veces, a través de la droga…
HB: Se transmite a través de la droga y de los hechos que comete. El drogadicto habla a través de sus hechos, no lo hace por sus palabras; incluso usa las palabras para esconder lo que hace, lo que siente, lo que realmente la droga hace de él.

MHG: Hay adolescentes que no llegan a la droga, pero sí viven la cultura de la violencia como por ejemplo las cadenas de e-mails en donde los chicos se convocan al solo fin de agredirse uno contra otros, para ver quien es el más guapo…
HB: Esto que usted plantea lo solemos estudiar en lo que se llama el fenómeno de las tribus urbanas, con el agregado que en estos momentos tenemos elementos de la cibernética que no hacen imprescindibles que las barras estén juntas en la misma esquina del mismo boliche o del mismo barrio para buscarse, para unirse y para sentir que el grupo sea cibernético, sea personal, sea de acción, sea de cachiporras, o sea de acción simbólica violenta, los haga sentir menos solos, menos perdidos, menos confundidos. Se juntan, tienen violencia, lo hacen a través de Internet o lo hacen en la esquina, pero al sentirse solos, impotentes; exaltan la violencia. La violencia hace sentir a la gente, poderosa. Es un nuevo alcohol sociológico y crean después una ideología donde desconocen a todo “el que no piensa como yo”; y piensan muy poco, piensan simplemente en “nosotros” y el mundo que se diferencia entre los buenos que somos nosotros y los malos que son los otros, y los otros que son muy malos me persiguen, no me van a querer, me van a agredir… Entonces como decía un viejo boxeador argentino “la mejor defensa es un buen ataque”, y aunque nadie los ataque, ellos agreden.

MHG: Hablando con usted uno ve que las cosas no son tan difíciles cuando uno sabe donde está el huevo y donde la gallina…
HB: Me permito leerle un manuscrito que se ha encontrado recientemente en un vaso de cerámica pintado en Babilonia, cuatro mil años antes de nosotros. Dice “esta juventud está malograda desde el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura”. El mundo ha crecido en cosas buenas y en cosas malas. Vale decir que no nos debe asustar que los adolescentes o los jóvenes de hoy estén extraviados, equivoquen el camino, utilicen la droga, la violencia, la pérdida de si mismos, y a veces el crimen; porque la humanidad está constituida por gente que se equivoca y por gente que vuelve a encontrarse, gente que es capaz de contener a los que se equivocaron. Y cuatro mil años antes de Cristo, faltaban dos mil para que llegar Cristo, tenían la misma problemática de la que hablamos hoy, y el mundo siguió andando, hoy hablamos de los mismos problemas y en el fondo no se han puesto más graves que entonces. Tenemos que seguir luchando, cuidando de estos chicos para que no se nos pierdan y para que no se nos pierda la cultura democrática, la cultura del esfuerzo, la cultura de la cooperación, de la solidaridad y sobre todo ocuparnos de los chicos que con todas las dificultades que tienen, son lo mas importante que tenemos para hoy y nuestro futuro


29/05/2008